Tengo la sensación de no tengo nada que decirte. Nada más, en todo caso. Nada más que lo que ya dije. Nada más de lo que le llevo escribiendo a Malvina durante años. No tengo mucha paciencia estos días. Ya no tengo mucho de nada estos días, salvo esta ansia e incertidumbre. ¿Tiene acaso sentido? ¿Qué puedo decir? Si solo quiero decirte que espabiles. Me lleva la mala leche. Esto no va a salir bien. Ni tengo la mejor banda sonora, ni las cosas están fluyendo. Lo único que quiero es que dejes de pedirme cosas. Deja de tratarme así. Deja de exigir hasta la coma detrás del sujeto, cariño, ahí no debe estar, por mucho que quede mejor. Tengo la sensación de que no me has querido conocer. Que mi hilo, ese que sale de mí y acaba en ti, cada vez se deshila más. Le están saliendo flecos, y ya hay tantos nudos que no sé si este amor es una historia que me cuento o queda algo que merezca la pena salvar. La ultimas veces que hemos quedado me he aburrido. Yo ya no te entiendo. Es como ver a un Peter Pan aprovechado. No es como Mario, él sigue queriendo volar, y tú has dejado de creer en las hadas. Eres esta cosa abstracta y mustia, que no cierra la puerta de su casa, y no toma decisiones, y no espabila. Los hombres no queréis salir de la idea. La vida no es una idea, es tirar palante, es querer huir y renunciar a ti y salir. Porque siempre hay tiempo de volver a ser uno, de reconstruir los cachos. Pero hay que salir al mundo. Hay un abismo entre tú y yo. Te doy cien zancadas. Te adelanté hace mucho tiempo. No sé porque insisto en seguir a tu lado. No tienes objetivos.
A veces logro ver a través de todo lo que eres, durante una hora, puede, y me felicito por no tirar la toalla. Mira, me digo, ahí está, por este que es ahora sigues enamorada. Pero luego te esfumas. Puede que el encanto que haya visto en ti se marchó en el momento en el que pusiste cadenas para otra. Puede que lo que me lleve a escribir esto sea la rabia, la lástima, y en el fondo, las ganas de que en el fondo, lo único que quiero es equivocarme. Quiero seguir atada a ti. Te he hecho un mundo entero, y Olga me ha enseñado que todo era mentira. Que hace mucho tiempo que dejé de ver este encanto. Que sigo queriendo tener 17 años, pero que ya no los tengo. Hace diez años de todo aquello. El tiempo pasa para todos.
Cuando me hice el tatuaje supe que te iba a querer para toda la vida. No de la misma manera, pero siempre vas a ser ese chico demasiado creído de sí mismo, orgulloso, y a la vez tan literario, que vio algo en mí, pero no lo suficiente. Y yo siempre voy a ser esa chica fascinada por ti, hasta el punto de la obsesión. El amor, este amor no correspondido, ha marcado buena parte de mis años veinte. Pero creo que te estas marchando, o te estoy echando. Y por primera vez, no quiero poner una piedra en la puerta para que no se cierre. El viento del oeste está llegando. Jorge es todo lo que me importa ahora. Solo quiero tener sus hijos, cogerle de la mano siempre, meter la cabeza en el hueco de su cuello y oler el sol en su pelo. Solo quiero tenerle cerca y acompañarle en la vida, ser su ancla, que sea mi faro. Solo quiero amarle a él, porque él es el único que me conoce.
¿Me conoces siquiera?
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